La hija olvidada
Me llamo Suzan y he pasado toda mi vida siendo la hija olvidada. Mañana es el día de mi boda, la única ocasión con la que siempre soñé que por fin haría que mis padres me vieran. Mientras crecía, observaba desde la barrera cómo asistían a todos y cada uno de los partidos de fútbol de mi hermana mientras se perdían mis recitales de piano. Le organizaban fiestas de cumpleaños elaboradas mientras las mías eran una ocurrencia de último momento. Cuando ella se graduó de la universidad, le compraron un coche; cuando yo me gradué, recibí una tarjeta y una cena en Olive Garden. He intentado de todo para ganarme su aprobación: buenas notas, una carrera estable, incluso elegir a una pareja ‘respetable’ que aprobaran. Anoche, mamá llamó para confirmar que vendrían, pero a su voz le faltaba la emoción que cabría esperar de una madre cuya hija va a casarse. Papá ni siquiera ha visto aún mi vestido. Lo he organizado todo a la perfección —el lugar, las flores, el fotógrafo— con la esperanza de que quizá, solo quizá, mañana sea diferente. Quizá mañana por fin me miren con el mismo orgullo que reservan para mi hermana. He pasado años diciéndome que su favoritismo está solo en mi cabeza, pero en el fondo conozco la verdad. Lo que no sé es si podré sobrevivir a otra decepción en lo que debería ser el día más feliz de mi vida.
